Una nueva Biblioteca Nacional


Además de tener más metros cuadrados, la Biblioteca Nacional Pedro Henríquez Ureña, contará con sub bibliotecas para el público en general, investigadores y niños. A su vez, dispondrá de un servicio para no videntes que operará con audio y voz. El proceso de remodelación ha llevado unos seis años. Por Mariela Mejía


Unos 600 empleados trabajan afanosamente para cumplir con la meta de inaugurar en la próxima XV Feria Internacional del Libro Santo Domingo 2012 el remodelado edificio de la Biblioteca Nacional Pedro Henríquez Ureña, cuyo contrato de construcción está valorado en RD$1,038 millones, pero las autoridades prefieren esperar cuantificarlo definitivamente una vez se concluya.

El día de la inauguración aún no se pauta, pero el director de la Biblioteca, Diómedes Núñez Polanco, asegura que será entre el 18 de abril y el 6 de mayo, fecha en que se celebrará la Feria del Libro en la Plaza de la Cultura, recinto donde se levanta el remodelado centro de consulta bibliográfica que ha sido ampliado con anexos durante los trabajos que llevan unos seis años en proceso.

"Ya estamos en la etapa de finalización de los trabajos. La etapa final quiere decir que estamos haciendo los equipamientos de lugar, instalando los plafones, equipos contra incendios, luces, luminarias, instalando todos los servicios de data, instalando también el sistema de aires acondicionados por planta, terminando la parte que va a ser el auditorio. Estamos en lo que se dice el proceso final para entrega ya del proyecto", informó a DL el ingeniero José Tolentino Jiménez, director de proyecto de la Constructora Marrero Viñas y Asociados.

La vieja estructura se inauguró el 28 de febrero de 1971 y tenía una superficie de 11 mil metros cuadrados. Ahora medirá 24 mil metros cuadrados al ampliarse para incluir una Biblioteca Pública Metropolitana en el bloque este, que será la seccional para consultas de todos los usuarios. Adicional a esta, estará la gran Biblioteca Nacional que conservará el patrimonio bibliográfico del país, destinada a investigadores.

En diciembre de 2006 el secretario de Cultura, José Rafael Lantigua, anunció que la obra costaría más de RD$300 millones. "Al principio se pensó en un proyecto que era una remodelación simple, pero después se tomó en consideración... que había la necesidad de ampliar la biblioteca, no solamente ampliarla en su área física, sino también en su área de servicios, por lo tanto se hizo un diseño de integración construyéndose dos edificios laterales", explica el ingeniero Tolentino.

A la pregunta sobre el porqué tardar seis años para la remodelación, responde: "En estos últimos seis años de gobierno ha habido muchos problemas de tipo económico, así como el país se ha manejado con un problema económico, también el gobierno se maneja con un problema económico y tiene entonces que manejarse según los fondos que tenga. Hubo un momento en que el Fondo Monetario Internacional mandó a detener todas las construcciones hasta que se organizara todo, porque tenía un problema de liquidez".

Aunque el edificio de cuatro niveles se prevé inaugurarlo para la Feria de Libro, Diómedes Núñez Polanco, explica que será unos dos meses después cuando se abra al público, pues en ese tiempo se completará una etapa de organización que incluye la mudanza desde la oficina provisional localizada en la avenida Luperón, ubicar los volúmenes físicos ya existentes y otras organizaciones necesarias dentro del edificio.

Visitas y sistema virtual

La entrada a la Biblioteca seguirá siendo gratis. Su vieja estructura sólo contaba con 100 mil volúmenes físicos para consultar y ahora se retomará con unos 170 mil.

La novedad para los usuarios será la gran cantidad de obras digitales que tendrá el centro, que se podrán visualizar a través del programa de computadora Aleph 500, utilizado por la biblioteca de Harvard y otras de Chile, México, Argentina y Ecuador. A su vez, se podrá acceder a bibliotecas nacionales y virtuales de otros países, como la del Congreso de Estados Unidos.

Una vez se abra al público, la proyección a largo plazo es alcanzar un millón de volúmenes, entre físicos y digitales.

Antes de que se iniciara la remodelación, la Biblioteca Nacional recibía entre 500 y 700 visitas al día, según promedió su director. Núñez Polanco aspira a que el recinto deje de ser meramente escolar y se convierta en un espacio para la investigación.

Para reforzar el trabajo, la dirigencia del centro está en un proceso de contratación de más empleados, para elevar la planilla de 200 a 500.

Se permitirá que los usuarios socios puedan solicitar préstamos externos de la Biblioteca Pública Metropolitana a través de uno de los 12 locales de la Red Piloto de Bibliotecas Públicas que hay en el país.


Para los interesados, también se habilitará un portal de consulta digital de los volúmenes a través de la Internet.

Para no videntes


El nuevo espacio tendrá una unidad para discapacitados, que incluye un programa para no videntes con texto y voz.

Novedades



DISEÑO Y EJECUCION. El diseño de la nueva Biblioteca Nacional estuvo a cargo de los arquitectos Juan Caro -nieto del constructor del antiguo edificio, José Caro Álvarez- y Gustavo Moré. La Oficina de Ingenieros Supervisores de Obras del Estado es la ejecutora.

DOTACIONES. La nueva edificación tiene una cafetería con capacidad para 250 personas y un auditórium para 450 personas sentadas y facilidad para efectuar videoconferencias. Contará con seis salas de lectura y dos de Internet, con capacidad para 16 computadoras cada una; una biblioteca infantil y un servicio energético de emergencia de 2 mil mega.

HORARIO. La Biblioteca Nacional estará abierta todos los días, de 8:00 a.m. a 10:00 p.m. y la Biblioteca Pública Metropolitana de lunes a sábado, de 8:00 a.m. a 5:00 p.m.

El contrato para la construcción del edificio es de RD$1,038 millones, pero el monto aún no es definitivo.

Publicado en el periódico Diario Libre www.diariolibre.com

Becas de Maestría y Doctorado en Bibliotecología para Europa

El Ministerio de Educación Superior, Ciencias y Tecnología orientado al desarrollo nacional y a la competitividad de los Sectores Productivos y de Servicios del País, así como al fortalecimiento de las Universidades en procura de la Calidad, convoca las Becas Internacionales: 2012/2013 para estudios de Maestría y Doctorado en bibliotecología en la siguiente universidad.

Universidad:
Carlos III de Madrid

Maestría:
Bibliotecas y Servicios de Informacion Digital.

Doctorado:
Los que tengan un Máster Oficial aprobado podrán optar por el Doctorado en el área, si está en la oferta de la Universidad.

Cobertura:
Pago de la Matrícula, ayuda para manutención y seguro de salud. No incluye pasaje aéreo.

Feha limite de aplicación:
16 de abril, 2012

Requisitos:
Ser Ciudadano Dominicano.
Indice académico general en la Licenciatura no menor de 3.0 o de 80 puntos.
Record de notas de la universidad legalizado por MESCYT.
Copia de título universidad certificado por el MESCYT.
Copia del Pasaporte.
2 fotos 2x2 de frente.

Procedimiento de solicitud:
Los interesados deben llenar el Formulario de becas internacionales MESCYT disponible en el www.seescyt.gov.do depositarlo con la documentación requerida en horario de 8:00 am a 2:00 pm en el área de servicios al usurio en la primera planta del MESCYT en la Av. Máximo Gómez, No. 31.

La esperanza nunca se detiene en Banco León

El banco múltiple lanzó su IX Concurso Tarjetas de Esperanza con la participación de 12 instituciones dominicanas y más de 450 niños que pintarán para mamá y la Navidad.

Santo Domingo.- En el marco del noveno concurso Tarjetas de Esperanza 2012, Banco León cuenta con la participación de 12 instituciones dominicanas: Acción Callejera, Escuela Libre El Artístico, Fe y Alegría, Fundación HHS, FUNDEBIDO, FUNIFUTME, Instituto de Ayuda al Sordo Santa Rosa, Muchachos y Muchachas con Don Bosco, Niños con una Esperanza, Patronato Benéfico Oriental, Sur Futuro y Villa Bendición, y con más de 450 niños que pintarán para el Día de las Madres y la Navidad, en los talleres de pinturas realizados en el Centro León en Santiago.

Ana Divi Arbaje, directora de Comunicaciones de Fe y Alegría, dijo: “Las Tarjetas de Esperanza de Banco León no sólo son un instrumento de recaudación de fondos que fortalecen nuestros programas educativos. Este concurso también nos conecta con otras instituciones y es una forma de conocernos y lograr alianzas a favor de todos”.

A través de Tarjetas de Esperanza, Fe y Alegría logró capacitar a 45 docentes de la zona sur en 2011, fortaleciendo las áreas de español y matemáticas.

José Enrique Sanoja, vicepresidente de Relaciones Corporativas & Mercadeo de Banco León, afirmó: “Tarjetas de Esperanza nos conmueve y nos mueve a actuar. Estas obras que pintan nuestros niños se convierten en tarjetas y con ellas podemos cambiar sus realidades sociales y darles una oportunidad, una esperanza de una vida diferente”.

En 2011, las ventas de Tarjetas de Esperanza de Banco León recaudaron más de RD$3 millones que beneficiaron a más de 50 mil niños. Acción Callejera, una de las instituciones favorecidas, reforzó las salas de tareas de 10 comunidades en Santiago, donde 1,820 niños recibieron educación integral y junto a sus familias. El programa Tarjetas de Esperanza promueve actividades artísticas cuyos fondos se destinan a los programas educativos integrales de entidades no gubernamentales sin fines de lucro que trabajan en beneficio de la niñez en riesgo social y condición de pobreza del país. Participan niños y niñas con edades comprendidas entre 6 a 12 años que pertenezcan a estas entidades.

Clausura Curso Avanzado de Catalogación



La Fundación Apoyo al Desarrollo de las Bibliotecas Dominicanas (FUNDEBIDO) entregó los certificados del curso taller correspondiente al Primer Curso Avanzado de Catalogación con Formato Marc 21 y Clasificación con Dewey 23, impartido en el local de la Fundación HHS del municipio Santo Domingo Este por el bibliotecólogo colombiano José Lixander Cañas, del 04 de febrero al 17 de marzo del 2012, con una duración de 56 horas, los sábados de 9:00 am a 5:00 pm.



La actividad fue celebrada el miércoles 21 de marzo y fue aprovechada la presencia del Lic. Luis Fernando Rodríguez, quien realizó una exposición sobre la Base de Datos Jurídica V/lex en el curso taller para hacer entrega de los certificados de participación a los bibliotecarios que participaron del curso.



La Licda Belka Villar, presidenta de FUNDEBIDO agradeció a los señores Antonio Alba de representante de OCLC en República Dominicana, Sonia Martínez directora ejecutiva de la Fundación HHS, José Cañas facilitador del curso, Miguel Frías miembro de FUNDEBIDO, y a los alumnos que demostraron un gran interés durante todo el desarrollo del curso.



Este programa de cursos nace para cubrir las necesidades de capacitación y actualización del personal que labora en bibliotecas, y a los interesados en obtener un dominio correcto de los procesos utilizadas para la organización de la información.

Cuando la biblioteca es un asunto de la escuela

Por: Cecilia Bajour

Es un momento fértil para pensar en la biblioteca escolar. Este tema parece estar ubicándose con inusitada fuerza en las agendas de una gran parte de las instituciones ocupadas de la educación en nuestros países.

Si bien no se trata de una novedad, es interesante que se preocupen por él no sólo quienes tienen un saber específico sobre las bibliotecas sino todos los que pensamos la lectura y la enseñanza, en su más amplio espectro, en el ámbito escolar.

La biblioteca es un asunto de todos en la escuela y de esta convicción se derivan los modos de gestión pedagógica que cada institución, con su sello particular, se propone y crea. Cuando esto no ocurre, se distorsiona o confunde el lugar que ocupa la biblioteca en la vida escolar.

No hay criterios únicos en los modos de imaginar el lugar de la biblioteca en las instituciones escolares. Si el punto de partida de este imaginario se nutre de los mismos postulados teóricos y prácticos que el resto de las bibliotecas, por ejemplo las públicas, es probable que la enseñanza como razón de ser principal de la escuela quede relativizada o desplazada. Si en cambio la biblioteca es pensada desde el corazón de toda práctica pedagógica, se pondría en cuestión la tendencia a ser vista sólo como herramienta o recurso para el aprendizaje, como si se tratara de accesorios o atributos que se agregan a la gestión de una escuela y que por lo tanto podrían estar o no estar.

En ese sentido, son muy interesantes para pensar en este tema los aportes del especialista Guillermo Castán, quien dice que la pregunta sobre el modelo de la biblioteca escolar que requiere cada institución escolar no puede formularse al margen de la pregunta sobre el modelo pedagógico con el que se piensa dicha institución y de las condiciones materiales y políticas de las que se parten.

En muchos casos, la ausencia de reflexión sobre el modelo teórico de biblioteca escolar, como dice este autor, conlleva el riesgo de “centrar todo el interés en cómo organizar técnicamente una biblioteca escolar de modo más “eficaz”, evidenciando una concepción instrumentalista de la biblioteca, donde los medios se confunden con los fines, y soslayando el debate de fondo, que debería centrarse en las finalidades, en el para qué (y sólo después se respondería al cómo ) de una biblioteca escolar de nuevo cuño en unas escuelas que deben dar respuesta a nuevas necesidades curriculares y sociales”. (1)

Desde esta concepción, las bibliotecas no tendrían que ser un satélite o la estrella de una institución escolar, apelando a metáforas siderales. Una biblioteca entra en una órbita satelital cuando crece al margen de las líneas pedagógicas que se imagina una institución. Esta situación marginal puede ocurrir por motivos diversos. Por ejemplo, una visión endogámica y tecnocrática, cuasi privada, de quienes están a cargo de la biblioteca sostenida en enunciados como “la biblioteca es asunto de los bibliotecarios que tienen un saber técnico y los demás no saben nada o sólo un poco sobre el tema”.

Cuando se instala esta mirada que privilegia lo técnico sobre lo pedagógico, una consecuencia posible es que una de las funciones de la biblioteca, la llamada “formación de usuarios”, se vuelva al contenido principal de las acciones pedagógicas que tienen lugar en la biblioteca, muchas veces considerada como un fin en sí misma y no como un medio que parte de necesidades lectoras concretas.

Quizás sería interesante que la escuela se replanteara si la denominación “usuarios”, propia de otras bibliotecas como por ejemplo, la pública, es la más apropiada para la biblioteca escolar. Una formación que considera a quienes participan de diversas prácticas en ese ámbito como “lectores” debería repensar cómo los caminos de acceso a la información fortalecen el lugar de la lectura y no se vuelven un recurso, que en muchas ocasiones la reemplaza.

Otro ejemplo de situación marginal de la biblioteca es cuando ésta prácticamente es excluida de la vida escolar por falta de una visión de la conducción de su lugar esencial en la vida escolar. Armarios bajo llave, localización de la biblioteca en lugares de difícil acceso o inadecuados, acervo desactualizado, horarios limitados, ausencia de un responsable especializado como maestro y como bibliotecario, son algunas de las expresiones de esta exclusión.

Las bibliotecas que funcionan como una estrella son las que brillan con luz propia a partir de algunos proyectos, por ejemplo, relacionados con la promoción de la lectura pero que no tienen un carácter vinculante con la institución y sus rumbos pedagógicos. Se trata de iniciativas con gran visibilidad pero que terminan siendo acciones aisladas y efímeras, ya que no surgen de una iniciativa conjunta de quienes piensan y hacen la escuela. Muchas veces este lugar estelar ocurre como una forma de resistencia ante el silencio o la condena a la invisibilidad por parte de políticas o conducciones que no valoran el rol estratégico de las bibliotecas.

Pero en ocasiones estos fulgores individuales obedecen a la dificultad de algunos maestros bibliotecarios y de las instituciones a las que pertenecen de pensarse o de ser pensados como parte de un proyecto más amplio que los incluyan. Esto abona la necesidad de que las direcciones de las escuelas trabajen a partir de la puesta en valor de una política de bibliotecas escolares como derecho de los alumnos, maestros y la comunidad vinculada a la escuela y no como una oferta pedagógica o cultural de carácter opcional.

En este marco, el rol de los directivos y su alianza con los bibliotecarios o maestros encargados del acervo (2) se vuelve fundamental para pensar las líneas pedagógicas de la institución.

La experiencia de capacitación sobre bibliotecas escolares en la Ciudad de Buenos Aires (3) nos llevó a buscar caminos para extender la consideración sobre estas temáticas, no sólo a los propios maestros bibliotecarios sino al resto de los actores de la institución escolar. Una vía principal para esto es invitar a los directivos a reflexionar sobre el lugar simbólico y real de las bibliotecas en las escuelas donde trabajan.

La idea es ver junto con ellos de qué manera la biblioteca y el maestro bibliotecario les es funcional para gestionar pedagógicamente y acompañar a los maestros en sus iniciativas y planificaciones, además de seguir las trayectorias lectoras de los alumnos de la escuela. En este sentido, la biblioteca y el seguimiento interesado y formativo que haga un maestro bibliotecario les brinda, tanto a directivos como a maestros, la posibilidad de ver juntos cómo crecen los alumnos como lectores a lo largo de la escolaridad, ya que la lectura es un asunto y una responsabilidad de todos.

Otra cuestión central para pensar con los directivos es la manera en que ellos pueden promover y habilitar la gestión de proyectos conjuntos, por parte de maestros y bibliotecarios. De ese modo, el trabajo complementario no dependería sólo de la buena voluntad o de la afinidad entre ambos, sino que se basaría en una práctica legitimada por la propia institución.

Un punto de partida para que la biblioteca y el trabajo conjunto con el bibliotecario sean vividos como una necesidad por los maestros pasa por la familiarización de todos los docentes de una escuela con el espacio, con el material y con sus posibilidades pedagógicas. La sensación de extranjería con la biblioteca en la propia historia lectora, personal y profesional de los maestros y directivos, puede ser un freno para la apropiación de ese derecho.

Por eso sería muy interesante que en las bibliotecas escolares se propicien encuentros de lectura, protagonizados por docentes, donde ellos mismos tengan la oportunidad de pensarse y ser pensados como lectores. Una manera de garantizarlo es a través de la existencia en las bibliotecas escolares de una zona de literatura para adultos junto con una buena selección de literatura infantil o juvenil, además de material didáctico o teórico disciplinar.

Si bien el foco de este análisis sobre la biblioteca escolar está puesto en lo pedagógico, ésto no debería limitarse a lo curricular, aunque es innegable el peso específico de este aspecto en su conformación. La enseñanza, como rasgo distintivo de la biblioteca escolar frente a otro tipo de bibliotecas, no involucra sólo los saberes curriculares. Si pensamos en la lectura como núcleo principal de la formación que brinda la biblioteca, podemos ver la amplitud de los alcances potenciales de su labor. La biblioteca escolar, sea cual sea la forma que adopte según sus condiciones de existencia, es para la gran mayoría de los chicos de nuestra región la primera y en muchísimos casos, la única ocasión de encuentro, tanto autónomo como social, con la experiencia cultural de honda magnitud que implica participar como lector de una biblioteca.

La posición de “lector de biblioteca” no se puede restringir sólo a los contenidos curriculares que, por lo general, tienen lugar en horarios asignados al estudio y a las “actividades escolares”. Esta posición supone también la relación personal con la lectura, la de la lectura autónoma, ya que la autonomía se aprende y es esencial para enriquecer los distintos modos de leer. En la lectura autónoma también es importante la mediación para hacer crecer a los lectores en múltiples sentidos, por lo tanto es importante que esté presente en todas las previsiones de enseñanza.

Pero también las ocasiones de la autonomía en la escuela pasan muchas veces por los tiempos libres, como los recreos o por los tiempos no reglados: los de las horas libres, el contraturno, el poscomedor, los encuentros fortuitos con otro lector, sea un maestro o un niño de la escuela, entre otros momentos que corren al margen de la temporalidad del aula. Los maestros bibliotecarios que quieren conquistar lectores de biblioteca saben que éstos son los momentos claves para abrir la biblioteca y atender las múltiples escenas de lectura que ocurren dentro del “tiempo libre” de la escuela: lecturas individuales, paseos por los estantes, lecturas de a dos o en grupos, en voz alta o en silencio, consultas o lecturas en la computadora, en el caso de que exista en la biblioteca, préstamos, charlas con el maestro bibliotecario, recomendaciones, discusiones sobre libros o textos audiovisuales, y tantas, tantas otras.

Todo lo dicho en relación con no restringir lo pedagógico a lo curricular de ninguna manera supone una oposición entre el conocimiento escolar y las actividades que genéricamente se suelen denominar “promoción de la lectura”. Por el contrario, la inclusión de ambas visiones en los proyectos de bibliotecas escolares tiene como consecuencia que se potencien mutuamente. La creencia de que “promover la lectura” sólo tiene que ver con textos que se alejan de lo curricular y que por lo tanto permitirían un encuentro “placentero” con la lectura convive con la idea de que lo curricular supone solamente una relación con el esfuerzo y con el rédito escolar.

Esa estéril concepción parte de ciertos discursos pedagógicos que en los últimos tiempos reforzaron el prejuicio de que el esfuerzo estaría reñido con el placer (una concepción de placer que merece una discusión más profunda). La consecuencia principal es que se condiciona de manera reduccionista la idea de lectura en la biblioteca escolar y se termina excluyendo a los lectores de diversidad de experiencias lectoras en sus encuentros con múltiples textos.

Lo recién dicho refuerza la idea de que la lectura, en su sentido amplio, debería ser la ocupación central de la biblioteca. Esta verdad, supuestamente obvia en la práctica, no es tal. Muchísimos proyectos surgidos de la biblioteca escolar o que la tienen como centro o lugar de realización se caracterizan por cierta tendencia al “activismo”, a la ilusión de la lectura más que a la lectura misma. Por otra parte, la necesidad de mostrar y en los casos más extremos, de “espectacularizar” las acciones que ocurren en la biblioteca, desvirtúan las verdaderas escenas lectoras, que poco tienen de espectaculares.

Cuando la biblioteca es un asunto central de la escuela, la reflexión sobre los modos de leer puede ser un camino para pensar nuevos sentidos de la enseñanza. Esa mirada pedagógica, desde la escuela misma, es la que puede marcar nuevos rumbos en el campo de saberes relacionados con las bibliotecas escolares.

(1) Castán, Guillermo. Bibliotecas escolares, soñar, pensar, hacer. Díada Editora, Sevilla, 2002.

(2) En algunas realidades escolares no existe el cargo de maestro bibliotecario, ya sea por la ausencia de normativas o por condicionamientos materiales que impiden en principio las posibilidades de un espacio específico y de un responsable con cargo, como es el caso de la mayoría de las escuelas rurales, donde sin embargo la existencia.

de colecciones y de mediadores especializados que las impulsen, pueden ser el embrión de futuras bibliotecas escolares.

(3) La capacitación sobre bibliotecas escolares, área que actualmente coordino, forma parte de las líneas de la Escuela de Capacitación CePA que pertenece al Ministerio de Educación de la Ciudad de Buenos Aires.

Fuente: http://www.cerlalc.org/bibliotecas_escolares/doc/4_%20Biblioteca_asundo_Escuela.pdf

Rincón del Bibliotecario